El tubo tuvo la culpa

En la primera columna que escribí el día 18 de julio de 2018, manifesté que la sociedad debería otorgarle a los curadores el beneficio de la duda frente a la interpretación que hacen de las normas, y por eso antes de responsabilizar a Alonso Butrón Martínez por sus actuaciones como curador en el proyecto de “Provenza Club”, decidí entrevistar a todos los actores involucrados en el proceso de licenciamiento.

La conclusión es fatal: Butrón omitió todas las alertas que le indicaban la imposibilidad de expedir esa licencia, ya que gran parte del terreno tenía una restricción ambiental por DRMI, y por ende, parte del urbanismo fue aprobado en un uso de suelo rural sobre el cual se asentaba la proyección de una vía metropolitana, sin descontar que el acueducto metropolitano le había expresado en cinco oportunidades la imposibilidad de otorgar agua en razón a que el predio estaba por fuera del perímetro de servicio.

Semejante irresponsabilidad haría suponer el sellamiento de la obra, pero curiosamente nada de esto fue lo que la paralizó, porque la junta directiva de la CDMB, cuatro meses después de haberse otorgado la licencia, modificó el DRMI, el Área Metropolitana nunca afectó los predios con utilidad pública por la vía proyectada, y la empresa de acueducto tiene hoy en día toda la disposición para ayudar a resolver el problema.

Lo que llevó al sellamiento de la construcción fue la transposición de los linderos de una zona verde de uso público con los linderos del terreno donde hoy se ubican las torres de apartamentos, situación que ya fue resuelta gracias a la expedición del Acuerdo Municipal 050 de 2018. Ya quedan menos cosas por resolver, pero si el municipio no se apresura a darle la mano a Prabyc, la situación se puede complicar.

Nada de esto hubiera ocurrido si Butrón hubiese sido consecuente con la realidad, pero después de haber hablado con él comprobé que al igual que el Mago de Oz, vive en un mundo de fantasía del cual dentro de muy poco lo tendré que despertar.

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